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sábado, 5 de junio de 2010

Aquellos maravillosos años: Las librerías

Hace un tiempo me propuse hablar de algunos lugares de mi barrio que me encantan y que quiero compartir con vosotr@s. Uno de ellos es la librería Cíclic. Y la he escogido para bautizar esta etiqueta de BCN places por dos motivos, uno es simple y llanamente porque son rinconcitos que me encantan y el otro motivo se debe a que precisamente aquí me reencontré después de bastante tiempo con Noemí Jariod, una magnífica fotógrafa con la que tuve la suerte de trabajar unos años atrás y que fue la oportunidad para volver a trabajar juntas en algunos proyectos actualmente. Noemí estaba haciendo fotos a la librería para su magnífica Guía de Barcelona, una página impecable, deliciosa y altamente recomendable donde habla de los sitios que más le gustan de su ciudad, que es la mía, y donde te invita a descubrir nuevos lugares proponiéndoselos tú misma. Las fotos que ilustran este post son suyas. ¡Gracias Noemí!

En un mundo donde prima lo audiovisual, y el 3D, cada vez quedan menos librerías con esa dignidad y valentía que ofrecían los libreros de antaño, que no se dejaban llevar por los tops de ventas sino por lo que a ellos les gustaba, que no solía tener nada que ver. Librerías que no pertenecen a franquicias ni a grandes grupos y que se arriesgan a no tener ni un best seller entre sus estanterías. Ya quedan pocas. Una de ellas es la librería Cíclic, donde se han especializado en arte y diseño, con más de 7.000 títulos (en constante crecimiento), una extensa selección en arquitectura, fotografía, arte contemporáneo, cine, net-art, diseño gráfico y industrial, tipografía, moda, joyería, interiorismo y diseño de espacios y tendencias, y donde puedes encontrar verdaderas joyitas. Ah! Y la sección infantil es im-per-di-ble.

Espero que si sois de Barcelona y todavía no la conoceis, o si venís a BCN a pa sar unos días, os deis una vuelta por aquí y me conteis qué os parece. Ya vereis como no he exagerado ni un átomo.

miércoles, 20 de agosto de 2008

La cinta de la cámara

Dime la verdad: ¿cuántas fotos has borrado porque salía la omnipresente cinta de la cámara en la imagen? Y ahora con las cámaras digitales no hay problema, se borran y ya, pero ¿quién no tiene fotos antiguas donde aparece la cintita de marras en una esquina? Si eres una persona sin imaginación te deshaces de ellas y santas pascuas, pero si eres Daniel Eatock las guardas y te montas una colección, convengamos que ciertamente interesante, con lo que un fallo en el sistema, como podría ser la dichosa cinta que sale en la foto toma un tinte absolutamente diferente y el resultado es estéticamente impoluto.

A Eatock le interesan las conexiones entre la imagen y el lenguaje, y formatea sus piezas a modo de colecciones seriadas. Trabaja a base de la recopilación de objetos, casi siempre fotos, que pide online a terceros, con lo que el copiright de las piezas es colectivo. Tiene incluso un Mini Manifesto la mar de curioso. El pensamiento lateral llevado al arte contemporáneo de manera brillante.



lunes, 11 de agosto de 2008

La fotografía de Eugenio Recuenco


Vaya por delante que a parte del indudable valor estético de las fotografías de moda, no suelen mover ni un átomo de mi sensibilidad las imágenes de mujeres jirafa con cuerpos que desafían la gravedad u hombres hiperdesarrollados marcando estilo, por no hablar de las fotografías de marcas de ropa cuya propósito parece ser que no se vea jamás la ropa que lleva la modela o modelo encima, para lo que hacen fotografías desde ángulos imposibles, con atroces claroscuros que te dejan a dos velas y donde tu imaginación resulta que tiene que hacer el resto. Vaya pereza.

En cuestión de gustos fotográficos mis preferencias son bastante clásicas y van desde aquellas fotografías con dobles y triples sentidos, tipo las de Chema Madoz, pasando por las costumbristas de Cartier Bresson o de Català Roca. Me parece bastante obscena la fotografía realizada en zonas de conflicto donde cuanto más sangre se vé, más premios gana en certámenes tipo World Press Foto, que a mi modo de ver está sobrevalorado y hace ya mucho tiempo que más que una denuncia de situaciones injustas es un exhibicionismo sin pudor alguno de la violencia más extrema y reclamo de bajas pasiones, como en esos programas de telebasura donde venden injundias varias, infidelidades sexuales y odios incluso fraternales. La única diferencia es que aquí te venden lo mismo pero con una sola imagen.

Frivolidad por frivolidad me parece bastante más divertida e higiénica mentalmente la de revisar viejos ismos artísticos y reconvertirlos al gusto del realizador, en este caso, del fotógrafo, pongamos de Eugenio Recuenco, sin ir más lejos. A éso unos lo llamarían copiar a destajo, yo lo llamo repensar tendencias artísticas ya existentes y darles un toque personal que las dota de una personalidad nueva y potente aunque sin renunciar al maestro en las que han sido inspiradas. Total, si copias, que sea del mejor, dice un viejo dogma publicitario. Recuenco no esconde que su cliente es una marca de ropa, pero al menos no te trata como si fueras una ameba unineuronal.